Técnicas y métodos de estudio: ¿cuáles utilizar?

En el camino hacia el éxito académico, la adopción de técnicas y métodos de estudio eficientes es crucial para optimizar el tiempo y mejorar la retención de información. Estas estrategias pueden variar según las necesidades y estilos de aprendizaje de cada estudiante, pero todas tienen un objetivo común: facilitar y fortalecer el proceso de aprendizaje. A continuación, exploraremos diversas técnicas de estudio que pueden marcar una diferencia en la forma en que abordamos nuestras tareas académicas y, en última instancia, contribuir a lograr un rendimiento óptimo en el ámbito educativo.

¿Qué es una técnica o método de estudio? 

Una técnica o método de estudio es una estrategia que permite facilitar y fortalecer el aprendizaje. Cono tal, consiste en aplicar determinados pasos o modos de organizar, sintetizar e interpretar información a través de diversas actividades, como los resúmenes, sumillas, ejercicios, apuntes y demás. Cada una de estas se elige en función de las necesidades y características de aprendizaje de cada estudiante, por lo que se puede afirmar que no hay una técnica mejor que otra. Aplicando técnicas y métodos, se puede obtener mejores resultados gracias a la planificación, la reducción del estrés y el control de la ansiedad, ambos relacionados con el estudio. 

Técnicas de estudio 

Apuntar, pero a mano 

Los apuntes son fundamentales para recoger las ideas más importantes tanto de las clases como de las lecturas asignadas por los docentes. Sin embargo, cada vez es más común recurrir a dispositivos electrónicos, como las tabletas y las computadoras, para hacerlos. Aunque estas herramientas suponen muchas ventajas para la gestión de la información, la escritura a mano –aunque actualmente parezca anticuada– contribuye positivamente con la retención de los contenidos.  

Esto se debe a que, al escribir con un bolígrafo o lápiz, el cerebro tiene más tiempo de procesar y organizar la información en comparación con la utilización del teclado o el conocido “copiar y pegar”, que implican procesos más rápidos y que no dan oportunidad a interiorizar con calma lo que se va estudiando. 

Evitar la relectura  

Contrario a lo que se piensa, la relectura no es tan beneficiosa como parece. Si bien la información, ideas y conceptos pueden ser consultados en incontables ocasiones, esto puede ser contraproducente en el proceso de aprendizaje. Es altamente recomendable acercarse a los textos en tres tiempos: primero, indagar las condiciones de producción del texto (autor, año, editorial, temática); segundo, realizar un lectura rápida o escaneo para identificar qué saberes se requieren para una comprensión profunda (conceptos, significados, datos); y tercero, una lectura atenta en la que el estudiante pueda acceder a los sentidos que pretende exponer el autor.  

De esta manera, al realizar un análisis y comprender las ideas principales, es posible interiorizar el contenido. Desde luego, para apoyar el proceso, pueden utilizarse herramientas como los resúmenes y las fichas. Por su parte, al comparar la lectura atenta con la relectura, esta no permite que el cerebro retenga porque se cuenta con la seguridad de volver sobre el texto

Alternar asignaturas y temas 

Las asignaturas y los temas pueden ser más o menos complejos para los estudiantes dependiendo de muchos factores. Por esta razón, es necesario alternar el estudio de contenidos que pueden asumirse como complejos o complicados junto con aquellos con los que no existe mayor problema. 

La explicación es simple: dedicar una gran cantidad de tiempo (por ejemplo, un día entero) a un tema puede mermar el rendimiento y el aprovechamiento, ya que se genera cansancio, hastío y sensación de estancamiento. Para contrarrestar esto, se recomienda pautar horas establecidas de estudio para cada asignatura para que, de esa manera, el cerebro pueda adaptarse a los diferentes niveles de exigencia sin que esos sean únicamente o fuertes, o llevaderos. 

Establecer tiempos de estudio y descanso 

Cuando se realiza una formación, sea cual fuere el nivel (pregrado o posgrado), los tiempos de estudios deben estar correctamente pautados para, primero, no interferir con otras actividades y, segundo, interiorizar los contenidos estudiados. Esto implica, desde luego, una programación que, aunque no siempre es exacta, se convierta en una referencia diaria para lograr objetivos y metas claras. Entonces, se recomienda elegir momentos del día en el que uno se sienta más predispuesto o cómodo para el aprendizaje, y dejar de esta forma las horas restantes para cumplir con obligaciones u ocupaciones.  

De hecho, durante este tiempo de estudio, se recomienda establecer tramos claros de dedicación para eludir el cansancio que deriva en falta de concentración. Se considera que 45 minutos de estudio con 10 minutos de descanso pueden ser favorables, pero también se señala que, según otros métodos como el Pomodoro, tramos de 25 minutos con otros 5 de descanso permiten que el cerebro esté relajado y reponga rápidamente sus energías. En todo caso, los estudiantes deben identificar en qué momento, dónde (el espacio también importa) y de qué manera aprenden mejor, de modo tal que apliquen sus métodos para todas sus actividades académicas. 

Crear organizadores gráficos 

El subrayado y los resúmenes son técnicas generalizadas y valoradas por su efectividad. Sin embargo, pueden ser ampliamente complementadas con esquemas, mapas mentales y diagramas, ya que estos permiten jerarquizar la información e identificar las relaciones que hay en ella (causa-consecuencia, oposición, ejemplos). Además, permiten situar a los conceptos claves en las cabeceras de los gráficos, de tal manera que no se pierde el foco de lo más importante. Es más, al tratarse de un recurso visual, es posible identificar la información de manera más rápida (formas, colores, tamaños de letra, entre otros) en comparación con la lectura o relectura de resúmenes o textos. Facilita, por tanto, el estudio y la asimilación de contenidos.

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